¿Qué pasa cuando el cofundador de una tienda legendaria de videojuegos clásicos decide tomar el control total, justo cuando la industria de la propiedad digital parece estar empantanada? En tiempos en los que el DRM devora la propiedad real del gamer, Michal Kicinski apuesta todo por volver a las raíces de GOG: juegos que realmente te pertenecen, sin restricciones ni candados.
Un nuevo capítulo para GOG: La tienda que nunca cedió al DRM
La noticia ha pillado a más de uno por sorpresa: Michal Kicinski, rostro clave tras CD Projekt y leyenda viva para muchos jugadores nostálgicos del PC, ha adquirido el 100% de la tienda GOG, plataforma que él mismo fundó en 2008 junto a Marcin Iwinski. Casi dos décadas después, GOG vuelve a sus orígenes más independientes. ¿La promesa? Seguir siendo ese bastión donde los juegos no se volatilizan si cierras sesión, ni dependen de servidores etéreos.
Devolver el control al jugador: el credo de GOG
Kicinski lo resume sin rodeos: la idea que impulsó GOG fue «devolver los juegos clásicos a los jugadores y garantizar que, una vez que compren un juego, les pertenezca para siempre». Y ese mantra, casi revolucionario en la era del préstamo digital y de las suscripciones, sigue siendo el escudo de la tienda.
- Catálogo de juegos sin DRM, tu copia es tuya.
- Clásicos restaurados y juegos nuevos con alma retro.
- Soporte directo para modders y comunidades nostálgicas.
Perdido el miedo a ir contracorriente, GOG demuestra que la independencia aún importa, incluso si el resto del mercado apuesta por modelos cerrados y condiciones borrosas.
El giro en la estrategia: independencia, retro y futuro
Durante 17 años, GOG funcionó como un brazo casi autónomo dentro de CD Projekt. Sin embargo, la relación se mantenía: juegos como The Witcher o Cyberpunk 2077 se lanzaban en la tienda para alegría de una comunidad fiel, a la par que diversa. Ahora, con el control total en manos de Kicinski, la promesa es doble:
- Mantener los títulos estrella de CD PROJEKT RED en el catálogo.
- Expandirse a nuevos títulos «con espíritu retro» —una pista clara de por dónde irá la línea editorial para el futuro inmediato.
Un futuro sin ataduras (ni DRM, ni inversores externos)
La operación, valorada en 90,7 millones de zlotys (unos 21,5 millones de euros), ha sido financiada mediante recursos comprometidos, sin vender ni una sola acción de Kicinski en CD Projekt. En otras palabras, sigue apostando por ambos proyectos —y eso, en la era de las fusiones y los fondos buitre, es casi una rareza.
Lo que viene: ¿volver a enamorar a los jugadores clásicos?
La gran incógnita ahora es si GOG logrará transformar esta independencia renovada en una segunda juventud. El propio Kicinski ya adelanta que trabajarán en nuevos proyectos con sello retro para 2026. ¿Un regreso a ese fulgor de los 90 y 2000, pero con la tecnología y la comodidad actual? Si alguien puede intentarlo —y sobrevivir a la presión del mercado moderno de videojuegos— probablemente sea él.
Reflexión final: lo que GOG representa hoy
En una industria que muchas veces olvida a los jugadores de antes (y a los que simplemente quieren poseer lo que compran), GOG sigue remando a contracorriente, reivindicando la propiedad digital real y el acceso sin trabas. Por ahora, las palabras y acciones de Kicinski apuntan a un futuro en el que el jugador, al menos en esta esquina de Internet, recupere ese pequeño poder (tan simple, pero tan revolucionario) de decir: este juego es mío.




