¿Cuánto cuesta crear una inteligencia artificial punta en 2025? Spoiler: sumas astronómicas y un impacto ambiental de película. La última bestia digital de Elon Musk, Grok 4, ha dejado clara la dimensión real de la inteligencia artificial moderna: no solo hablamos de miles de millones en inversión, sino de una huella energética y ecológica que podría dejar pequeña a una ciudad entera. Así, entrenar a Grok 4 fue mucho más que un desafío tecnológico; fue un auténtico pulso entre innovación, recursos y sostenibilidad.
Las cifras detrás de Grok 4: entrenar IA cuesta una fortuna (y mucho, pero mucho más)
Hablar de Grok 4 no es solo hablar del chatbot de inteligencia artificial más avanzado salido de la mente de Elon Musk y su empresa xAI. Es, literalmente, hablar de uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos y voraces en consumo de recursos de la historia reciente. Según cálculos de la organización Epoch AI (especializada en analizar el futuro de la IA), poner en marcha el “cerebro” de Grok 4 ha costado la friolera de 490 millones de dólares. Es decir, más de 400 millones de euros para desarrollar y entrenar un asistente virtual. ¿Increíble? Pues espera, que viene lo potente.
Una demanda energética equiparable a una ciudad entera
La creación de Grok 4 devoró tantísima energía que, según el informe, podrías alimentar durante un año a una ciudad de 4.000 habitantes con la cantidad de electricidad utilizada (unos 310 gigavatios/hora en total). El coste medioambiental no se queda atrás: entrenar este modelo generó unas 154.000 toneladas de CO2, lo mismo que un avión Boeing lanzando vuelos durante más de tres años seguidos. O lo que viene a ser lo mismo: un impacto que obliga a mirar de frente el dilema entre progreso y sostenibilidad.
¿Cómo se llega a estos valores tan bestias?
Los expertos basan estos datos en información sobre la versión anterior, Grok-3, y han considerado todo: desde el uso de GPUs ultrapotentes H100 (lo último en supercomputación), hasta los 246 millones de horas de computación necesarias, y el ingente soporte de refrigeración y centros de datos funcionando a tope. Así, todo el entramado tecnológico para que Grok 4 se “eduque” a nivel de doctorado… requiere una infraestructura digna de ciencia ficción.
Agua: el recurso invisible para la inteligencia artificial
No solo de electricidad vive la IA. Otro dato brutal: se utilizaron aproximadamente 754 millones de litros de agua en el proceso (sí, el equivalente a llenar 300 piscinas olímpicas). Esta cantidad descomunal es necesaria tanto para refrescar los chips y sistemas de las supercomputadoras, como para alimentar los generadores de gas natural de Colossus Memphis, el coloso informático de xAI. El consumo de agua en estos sistemas sigue siendo una de las grandes preguntas sin resolver en la sostenibilidad tecnológica.
¿Por qué tanto gasto en agua? ¿No era todo eléctrico?
En realidad, el agua es esencial tanto para enfriar las máquinas -evitando que se fundan- como para el funcionamiento mismo de los generadores energéticos que alimentan las instalaciones. Todo este proceso, insiste Epoch AI, suma otro ingrediente al cóctel de innovación vs. impacto ambiental de la inteligencia artificial moderna.
¿Un futuro sostenible para la IA?
El caso de Grok 4 es una radiografía brutal: crear modelos de inteligencia artificial más potentes no solo requiere más dinero, sino también muchísima más energía, agua y recursos naturales. Lo que antes era un desafío de cálculo, hoy se convierte en una encrucijada para el planeta. Y si la tendencia sigue así, el debate sobre cómo hacer la IA sostenible será tan clave como el avance de su inteligencia. ¿La revolución digital está preparada para este reto? Solo el tiempo —y el CO2— lo dirán.




